Hace unos días, desde la Asociación Cultural EL TRINQUETE, - que ha preparado este año un interesante programa de Semana Cultural en Cifuentes de Rueda,- me invitaron a hablar sobre El Beato de Escalada.
Muchos ya lo sabéis: este año está siendo el año del Beato de Escalada, por "culpa" de unos locos, enamorados de San Miguel de Escalada, y también de toda esta comarca …
Yo estaría encantado de hablar del Beato de Escalada, también para todos vosotros; pero la cosa es que la próxima semana el Ayuntamiento de Gradefes tiene proyectadas una jornadas culturales, en varios de los pueblos de este municipio. Y la jornada de San Miguel de Escalada está reservada y dedicada al Beato de Escalada. El próximo viernes, día 22, a las 20.30 horas, en la iglesia mozárabe de nuestro fantástico Priorato. ¡¡¡Estais todos invitados!!!
A cambio de hablar sobre El Beato, yo propuse que se contara algo más privado de Cifuentes, “barriendo para casa”… Y que no sólo fuera yo el que hablara, sino que fuera algún hijo del pueblo, de los muchos que van y vienen cada verano, y cada año, con nostalgia. Vosotros, mejor que yo, sabéis que tenéis muchas cosas para hablar. Y muchos hijos amantes.
Pues bien: Este año, yo he pillado a un incauto. Algo tímido, bastante reacio; pero al fin y al cabo, orgulloso y picado en su amor propio, como somos casi todos, bien mirados. Y se ha embarcado. ¡¡¡Vamos a ver el resultado!!!
La Comisión ha incluido en el programa dos cosas demasiado rimbombantes: una, ponernos DON a los atrevidos de la charla. Porque DON sin DIN, ya se sabe!!!. La otra, llamar a este acto CONFERENCIA. Por mí, no vale. Yo diría que es una charla, o UN DIÁLOGO. DIÁLOGO es una conversación entre dos o más personas, que se van repartiendo los turnos para hablar, y también para escuchar. Porque DIALOGAR tiene mucho de ESCUCHA.
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Como aperitivo, y quizás para romper el hielo, dejadme que os cuente un cuento fantástico SOBRE UN PUENTE BLANCO :
"El puente blanco y el río astuto", un cuento fantástico:
Érase una vez un puente blanco, hecho con piedras blancas. Estaba un día ojeando el río. Estaba midiendo con los ojos la distancia que había de lado a lado. Así, a ojo, habría TRES O CUATRO ojos. Los ojos del puente son como las zancadas. Depende del zancudo que las dé: si es un enano paticorto, o es un zancón zancudo muy gigante... El río también puede ser: estrecho, como un soldado tieso y desfilante; rechoncho y ancho, como una vega frondosa y opulenta; e inabarcable, como un río de vidas, como un juego de meandros... como un sueño gigante.
El puente estaba peripuesto, presumido, casi ya terminado... Y miraba al río, que traía rizos blancos en el agua, y le besaba los pies, descalzos, y le arrullaba... El puente estaba tirulato, y se quedó con los ojos en blanco. Era ya de noche; y se quedó dormido, con los ojos cerrados...
El río era un astuto. De noche, se hinchó de agua. Había llovido mucho, aguas arriba. Y la nieve blanca de Peñacorada, aguas arriba, en la montaña, le infló los bordes, rompiendo los lindes y los banzos. Y el río se desbordó, rompiendo todos los meandros aquietados. Al llegar a la altura del puente blanco... - mejor dicho: a su bajura - se negó a pasar por debajo. Y se marchó cien ojos más allá, a la derecha (a su derecha), escarbando, escarbando...
El puente blanco despertó. Se restregó los ojos. Eso le llevó un rato. Restregar TRES ojos es muy pesado. Y además sin espejo, donde mirarse.
No se lo creía, el pobre. El astuto río le había abandonado. ...
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